Convoca facilitadores voluntarios de múltiples áreas, ofréceles un kit inicial y rotación trimestral. Reúne historias, mide impacto, comparte guías. Un liderazgo distribuido cuida el estándar, promueve innovación local y protege la esencia: pares que aprenden haciendo, conversan con respeto y transforman fricciones en progreso compartido.
Crea un repositorio curado con microlessones aprobadas, plantillas, métricas y ejemplos de diferentes dominios. Etiquetas claras y notas de contexto evitan malentendidos. Esa biblioteca viva permite replicar buenas prácticas con autonomía, acelerar inducción y sostener calidad cuando nuevos equipos deciden adoptar la metodología sin facilitadora externa.
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